jueves, 28 de enero de 2016

Viviendo con la Niña Payasa

Hacía tiempo que no escribía en este blog pero anoche, rodeado de insomnio por las cuatro esquinitas que tiene mi cama y para no pensar en la familia, que siempre acabo cabreado, me acordé de este espacio y que podría escribir en él. Se me ocurrieron varias cosas que, si voy teniendo tiempo, iré plasmando por aquí pero una brilló con más fuerza: contarles a mis improbables lectores (copio descaradamente a Rodríguez Rivero que, como yo, está deseando tenerlos) como es la Niña Payasa en la intimidad.

No se asusten, no voy a revelar secretos de alcoba ni de rellano, que en todos los sitios se pueden ocultar vicios y depravaciones, si no que les voy a hablar (y promocionarlo de paso) del podcast que la Niña tiene y en el que va, como ella dice, purgando su corazón a través de las canciones de su vida. Porque señoras, señores, niños y niñas: la Niña Payasa es música. Sí, sí, en serio. Si lo sabré yo que va para dieciseis años que lo disfruto. ¿En que consiste eso de ser música? Pues más o menos a que todo lo que hace, lo que piensa, lo que maquina y experimenta, es música. Por ejemplo le gusta cocinar. A mi también pero mi cocina, con mi novia la Thermo, es una melodía machacona y maquinera: yo le echo ingredientes, la programo y ella, a ritmo constante, me cocina, divinamente por cierto. En cambio la cocina de la Niña es pura improvisación: denle a la Payasa los ingredientes que tenga por la nevera, los restos de otra comida, y ella les tejerá una melodía exquisita y novedosa en forma de vianda apetitosa. Porque, emulando a los grandes intérpretes, puede crear una nueva composición partiendo del material básico del que disponga. Son las famosas “Variaciones Payasa”. También le gusta la danza. Sólo le he visto en su salsa una vez, que me dejaron asistir a su clase de ballet. Ni era quien más levantaba más la pierna, ni quien hacía la pirueta más perfecta, pero sus movimientos eran pura música, pura elegancia, eran harmony,  esa palabra tan bonita que Seurat lanza en “Sunday in the park with George” cuando organiza a las figuras que plasmará en su maravilloso cuadro Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte.

Ah, los musicales… Los musicales me hacen volver a el objetivo de estas líneas: recordarles la existencia de esas pequeñas joyas que la Niña nos va regalando poco a poco. Los podcasts están llenos de música que enamora a la Niña pero también de su ilustrativo consultorio, imprescindible para cualquiera que tenga problemas sentimentales y origen de programas tan populares como “Cita con Pilar” de la Cuatro. Mucho antes que Pilar se lanzara por los caminos de España a resolver entuertos de parejas desastrosas, la voz ilustrativa y adoctrinante de Payasa ya nos indicaba a los borregos, que en el fondo somos, por donde deberíamos ir para ser felices. ¡Y todo gratis! También ha incorporado últimamente a sus programas retazos de su peregrina y azarosa vida que tiene encandilado a todo aquel que le escucha. En fin, un sinvivir y a la vez una gozada de programa donde aprendes, te entretienes y te diviertes.

La Niña Payasa es música, repito. Música en la ducha, música en el coche, música en sus silencios, música en sus besos. Muéranse de envidia. Bueno, no, que están sus podcasts y algo muy de dentro de la Niña está en ellos. Disfrútenlos.

3 comentarios:

  1. Ya era hora de que volvieras! (Aunque siento que sea por el insomnio)

    Bonito artículo :) Esta frase da para hacerse una camiseta, por lo menos: "la Niña Payasa es música."

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  2. Eso es amor y todo lo demás son cuentos.
    En otro orden de cosas, se nota la maravillosa mano de Pipina por todos los sitios.
    ¿Para cuándo una entrada sobre Klaus?

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